Γεια σας (Yasas, Hola), Τι κάνεις (Ti kánis, Como estás)!! y por último, con las horas que son: Καληνύχτα (Kaliníjta, Buenas noches)
Me apetecía saludar en griego hoy por dos razones.
Primero porque es probable que alguien griego o que hable/chapurreé el griego pueda llegar a este blog, con lo cuál le mando saludos.
Y segundo, porque hoy nos enfundamos la toga, o nos colocamos el taparrabos y el casco y hablamos de las guerras médicas (así llamaban los griegos a los persas , medos), batallas libradas entre griegos y persas.
No se si habéis visto 300, basado en el cómic homónimo de Frank Miller y dirigida por Zack Snyder, que narraba la batalla de Las Termópilas, Leónidas y sus 300 contra los persas.
Pues bien, en Marzo de 2014 se estrena la segunda parte, que tratará de la batalla naval de Salamina. Esta entrada servirá de recordatorio de los acontecimientos hasta dicha batalla, para que tengais fresco los acontecimientos hasta ir al cine.
Presentaremos a los 2 contendientes:
A un lado del ring, los griegos, que por aquel entonces combatían bastante desorganizados, ya que se organizaban no como país, sino como un conjunto de ciudades-estado independientes y beligerantes entre sí. Las más conocidas, Atenas y Esparta.
Atenas, donde se empieza a hablar de un concepto nuevo hasta la fecha, la democracia (pero esta de verdad, no como la de ahora), y Esparta, con sus características tan especiales, ya que vivían para la guerra estos señores, desde bien pequeñitos los cogían, los separaban de sus padres y hala hala, a entrenarse para luchar.
Por otro lado el imperio persa, una máquina de guerra que hasta el año 490 a.c era la mayor potencia bélica conocida sobre la faz de la tierra, un montón de territorios unidos, llamadas cada una de ellas satrapías. Contrariamente a lo que se piensa, los persas, y su rey Ciro, eran bastante tolerantes, y permitían la libertad de culto en todo el imperio. Lo único que exigia a cambio era que se le rindiera pleitesía, y una ofrenda de agua y tierra, que demostrara que el poder era suyo.
Sí, así se las gastaban los espartanos.
Año 499 a.c. Hasta ese momento Persia no tenía apetencias por los territorios griegos, pero estos, que eran despiertos, pensaron que mejor ponerse la venda antes que la herida y apoyaron con barcos una revuelta en una de las provincias persas, Jonia, situada en la actual Turquía.
Esto no sentó nada bien a Darío I, hijo de Ciro, que se propuso castigar a los atenienses. Mandó que cada vez que se sentaba a comer a la mesa, uno de sus criados le recordara la situación diciéndoselo al oido 3 veces: '¡Señor, acordaos de los atenienses!
En el 490 a.c., se produce una batalla en la llanura de Maratón, a 42 km de Atenas, donde la victoria griega es incontestable. Aparte de un mayor conocimiento del terreno, podríamos decir que los griegos empezaban a sentir una identidad nacional, un "patriotismo", mientras que los persas eran un collage de nacionalidades distintas intentando luchar en una guerra que la mayoría consideraba ajena. Después de la victoria, los atenienses corrieron a defender Atenas.
En Atenas, un genio militar llamado Temístocles, toma el mando, fortifica el puerto de El Pireo, y comienza a construir barcos, pues considera importante tener una buena fuerza marina.
En el 481 a.c, Atenas, Esparta y otras polis griegas, firman un acuerdo para ayudarse mutuamente.
Un año después, los persas, ahora capitaneados por Jerjes I, cruzan el Helesponto y preparaban la invasión por tierra a Grecia. Siguiendo la ruta de la costa se adentró en la península. Paralelamente, la flota avanzaba bordeando la costa. Las tropas helenas, que conocían estos movimientos, decidieron detenerlos el máximo tiempo posible en el desfiladero de las Termópilas («Puertas Calientes»).
Al menos el tiempo suficiente para asegurar la defensa de Grecia en el istmo de Corinto. Allí, la inmensa superioridad numérica de los persas no valía de nada debido a la estrechez del terreno.
En este lugar, el rey espartano Leónidas I situó a unos 300 soldados espartanos y 1000 más de otras regiones. Jerjes le envió un mensaje pidiéndoles entregar las armas, a lo que respondieron: «Ven a tomarlas». Tras cinco días de espera, y viendo que su superioridad numérica no hacía huir al enemigo, los persas atacaron.
Como esto se cuenta mejor en numerosa literatura y películas (300), invito al que esté interesado a que acuda a ellos a informarse. Yo sólo diré que fue un sacrificio heroico, pero sacrificio al fin y al cabo. Retrasó lo justo a los persas.
Leónidas preparado para el zarpazo final
Después de la muerte de Leónidas, se evacuó Atenas y los griegos se refugiaron en la isla de Salamina. Desde allí asisten impotentes al saqueo, destrucción e incendio de su ciudad.
Por cierto, existe un libro llamado Salamina, de Javier Negrete, que narra espectacularmente bien toda esta entrada...¿WTF, Y para que me he molestado entonces?
Super épico, ¿no? ¿Pese a las pintas de Jerjes?
Pues eso, que la disfrutéis, mis pequeños locos.
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